Después de construir una carrera entre México y Estados Unidos, Paola Núñez asegura que hoy vive la etapa más tranquila de su vida. La actuación sigue ocupando un lugar fundamental, pero ya no es el único motor que guía sus decisiones.

¿Qué versión de Paola sientes que eres hoy?
Creo que soy la versión más feliz de mí misma. Y sé que suena un poco cliché, pero en realidad no se trata tanto de felicidad sino como de paz. Hoy tengo mucha más paz que antes.
Durante muchos años estuve completamente enfocada en mí: en mi carrera como actriz, en lo que quería lograr, en el siguiente proyecto. Me veía como esos caballos de carreras que solo pueden mirar hacia adelante. Todo era mi profesión.
Con el tiempo dejé de correr. Cuando puse mi atención y mi propósito en algo mucho más grande que yo, encontré una tranquilidad que no conocía. Ese propósito hoy es Patitas en Custodia, la fundación que comencé hace algunos años y que está dedicada al bienestar y la conciencia animal. Rescatamos animales, los rehabilitamos y también damos pláticas para generar conciencia.
La actuación sigue siendo mi profesión y la sigo disfrutando profundamente, pero ahora ocupa un lugar distinto. Mi trabajo como actriz también me permite obtener los recursos para seguir impulsando esta causa que tanto me apasiona.
Hoy siento que mi corazón está dividido entre esos dos mundos: contar historias y darle voz a quienes no la tienen”.
Hablando de tu trabajo como actriz, ¿qué fue lo primero que te conmovió cuando leíste el guion de El otro padre y conociste a Yolanda?
Tenía muchas ganas de regresar al melodrama. La última vez que hice uno fue hace casi diez años y siempre decía que, si volvía, quería hacerlo desde un lugar distinto.
Me interesaba un melodrama como los que hoy hacen las plataformas: historias que conservan la esencia del género, pero con personajes mucho más complejos. Me gusta que ya no existan únicamente “los buenos” y “los malos”, sino personas llenas de contradicciones, heridas, inseguridades y traumas. Creo que las nuevas generaciones buscan justamente eso: personajes con los que puedan identificarse.
Yolanda es una mujer que probablemente muchas personas juzguen, pero tengo la esperanza de que muchas otras la entiendan. Es una mujer profundamente desesperada, que hace todo lo que está en sus manos por proteger a sus hijas.
Yo no justifico sus acciones, pero sí las comprendo. Es un personaje que me provoca muchísima compasión porque, desde el primer momento, vemos a una mujer que se siente sola, que no se siente amada y que vive desde esa carencia emocional.
Además, llevo muchos años en terapia y he trabajado muchísimo mi relación con mi mamá. Eso me ha permitido entender mejor las complejidades del vínculo entre madres e hijas. Las madres hacen todo por nosotros, pero también se equivocan porque son seres humanos. Esa contradicción me parece fascinante y fue una de las razones por las que quise interpretar a Yolanda.
Y, por supuesto, trabajar con Silvia Navarro era otro gran incentivo. Siempre la he admirado y me hacía muchísima ilusión compartir escena con ella.
Regresando un poco a Amor en custodia, hoy se está haciendo un remake. ¿Qué sientes al ver que nuevas generaciones descubren esa historia?
Amor en custodia es una historia extraordinariamente bien escrita por Marcela Citterio. Primero se hizo en Argentina, después en México y desde entonces ha tenido varias versiones.
Me da muchísimo gusto que vuelva porque cuando una historia está bien contada siempre encuentra nuevas generaciones que la disfruten.
Sé que esta nueva adaptación tiene varios cambios, aunque todavía no la he visto. Silvia justamente iba a empezar las grabaciones cuando terminábamos este proyecto y me emociona mucho por ella, porque el personaje que interpreta es maravilloso.
Ojalá sea un gran éxito. Al final, nuestro trabajo como actores es contar historias que conecten con la gente y entretengan.

¿Qué has aprendido sobre ti misma a través de todas las mujeres que has interpretado?
A tener empatía.
Regresando a Amor en custodia, cuando interpreté a Barbie yo tenía muchos prejuicios. Nunca fui una niña fresa, no crecí en un ambiente de privilegios y hasta me costaba entender esa forma de hablar o de comportarse.
Al principio casi la interpretaba desde la crítica. Pero terminé enamorándome de ella porque entendí que actuaba así desde una profunda carencia afectiva.
Eso me ha pasado con todos mis personajes.
Hoy, cuando construyo uno, lo primero que hago es preguntarme de dónde viene su dolor. Todos tenemos heridas, carencias y necesidades emocionales.
Con Yolanda sucede exactamente lo mismo. Es una mujer que no se siente vista, no se siente querida y necesita desesperadamente la aprobación de su padre. Cuando entiendes eso, entiendes también muchas de sus decisiones.
Lo único que espero es que el público también pueda verla desde ese lugar y preguntarse: “¿Hasta dónde sería capaz de llegar yo por proteger a alguien que amo?”
¿Hay algún momento de tu carrera que atesores especialmente?
La verdad es que todos.
He tenido la oportunidad de trabajar en dos idiomas, de participar en proyectos que jamás imaginé y de compartir pantalla con actores que admiraba profundamente.
Mi carrera siempre ha estado marcada por el riesgo. Nunca me he quedado en un solo lugar; siempre he buscado explorar nuevos géneros y nuevos caminos.
Hoy puedo decir que he hecho melodrama, acción, terror y muchos otros proyectos completamente distintos entre sí.
Estoy muy agradecida por todo lo que me ha dado esta profesión y, sobre todo, porque sigo disfrutándola. Al final, creo que lo más importante es pasársela bien haciendo lo que uno ama.
Si pudieras tomarte un café con la Paola de hace veinte años, ¿qué crees que le sorprendería más de todo lo que has logrado?
Hace veinte años jamás imaginaba que terminaría viviendo en Estados Unidos, trabajando aquí y compartiendo proyectos con actores como Pierce Brosnan.
Si se lo hubiera dicho a esa Paola, seguramente me habría contestado: “Ya deja de inventar”.
Pero no solo le sorprendería eso.
También le asombraría descubrir los caminos por los que la vida me terminó llevando. Nunca imaginé que una parte tan importante de mi vida estaría dedicada al rescate animal ni que esa causa se convertiría en uno de mis mayores propósitos.
La vida siempre termina llevándote por lugares que jamás planeaste. Algunos son complejos, otros maravillosos, pero todos terminan enseñándote algo”.
Y, honestamente, hoy me siento profundamente agradecida por el camino que me tocó recorrer.
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