Para Arístides Mantilla, el reconocimiento de la Directors Guild of America representa mucho más que un premio. El cineasta mexicano describe ese momento como “una mezcla de muchísima emoción, gratitud y también de responsabilidad”. Saber que En la quietud de la noche había sido seleccionada como una de las cuatro ganadoras del programa Spotlight de la DGA confirmó que una historia profundamente mexicana podía conectar con audiencias de cualquier parte del mundo.
“Más allá del reconocimiento, lo que más me marcó fue darme cuenta de que una historia inspirada en el Día de Muertos y en un sueño muy personal de mi infancia había logrado conectar con personas de otra cultura. Eso me recordó que las emociones no tienen fronteras.”
Para el director, este reconocimiento llega en un momento decisivo. Junto con su equipo desarrolla proyectos de distintos géneros con una clara ambición internacional, por lo que este logro representa un impulso para seguir buscando alianzas con productores, estudios e inversionistas. “No lo veo como una meta, sino como el inicio de una etapa en la que espero seguir representando a México y demostrando que nuestras historias pueden emocionar a audiencias de cualquier parte del mundo sin perder su identidad.”
Aunque estudió en la New York Film Academy y vivió en Los Ángeles gracias a una beca de talento, Mantilla asegura que su aprendizaje más importante ocurrió fuera de las aulas. “Mi mayor evolución ha ocurrido filmando, equivocándome, conociendo personas y compartiendo mis historias con audiencias de distintos países.” Con el paso del tiempo, explica, ha aprendido a confiar mucho más en su intuición y en la importancia de rodearse de las personas correctas. “Mi formación internacional me dio herramientas para contar mejor, pero mi identidad mexicana me dio algo todavía más importante: una voz propia.”
Sobre el momento que vive el cine latinoamericano, el realizador se muestra optimista. Considera que hoy existen más oportunidades para que las historias hechas en la región lleguen a públicos internacionales, aunque reconoce que aún hay retos importantes. “El talento siempre ha existido; lo que muchas veces hace falta son más oportunidades, más confianza y más inversión en las nuevas generaciones.”
Su deseo es que cada vez más directores mexicanos puedan construir carreras globales sin tener que dejar atrás aquello que los hace únicos. La historia de En la quietud de la noche nació de un recuerdo profundamente personal. Cuando era niño soñó con el abuelo que nunca conoció y despertó llorando antes de poder hablar con él. Aquella emoción permaneció durante años hasta convertirse en una película.
“Con el tiempo entendí que este cortometraje no trataba realmente sobre mi abuelo, sino sobre algo con lo que todos podemos identificarnos: el deseo de volver a ver a alguien que ya no está, aunque sea por un instante.” Aunque el Día de Muertos le da una identidad profundamente mexicana a la historia, el director buscó hablar de emociones universales como el amor, la ausencia, el perdón y la familia.
Más que ofrecer respuestas, espera provocar conversaciones. “Si al terminar la película alguien siente ganas de abrazar a su familia, llamar a un ser querido o recordar con cariño a alguien que ya no está, entonces siento que la historia cumplió su propósito.”
Mantilla se define antes que nada como un contador de historias. No le interesa quedar encasillado en un género porque, asegura, primero nace la historia y después llega la forma de contarla. “Me interesa contar historias que conecten emocionalmente con las personas. Si al terminar una película el espectador se lleva una emoción, una reflexión o una conversación que permanece con él, el trabajo cumplió su propósito.”
Respecto al futuro del cine mexicano, observa una generación diversa, con nuevas voces y una mirada internacional que no renuncia a sus raíces. “Crecimos viendo cine de todo el mundo y eso nos permite pensar en proyectos con una visión global. Estoy convencido de que el futuro del cine mexicano será cada vez más diverso, más competitivo y con una presencia internacional aún mayor.”
Tras el reconocimiento de la DGA, asegura que no siente presión, sino motivación para continuar desarrollando proyectos de mayor escala junto con su equipo. “Este reconocimiento no lo veo como un punto de llegada, sino como el impulso para construir proyectos aún más ambiciosos y llevar historias mexicanas a escenarios cada vez más grandes.”
Al hablar de quienes sueñan con seguir sus pasos, su mensaje es claro: empezar, equivocarse y construir relaciones. “No esperen el momento perfecto para hacer cine. Lo más importante es contar historias, aprender, seguir filmando y rodearse de las personas correctas. Muchas oportunidades comienzan simplemente con una conversación.”
Deja un comentario