Durante años, la moda le habló a mujeres que casi nunca puso frente a cámara. Mujeres que compran, deciden, viajan, invierten en belleza, joyería, ropa y lifestyle. Mujeres con criterio, historia, poder adquisitivo y una relación mucho más clara con su imagen. Pero cuando llega el momento de aparecer en campañas, la industria sigue repitiendo muchas de las mismas edades. A Anabel Luna eso empezó a hacerle ruido después de más de veinte años trabajando en moda, fotografía y dirección creativa.

“Me llamó la atención la enorme distancia que existía entre las mujeres a las que las marcas vendían sus productos y las mujeres que aparecían en sus campañas”, cuenta.
Para ella, la desconexión era evidente. Las consumidoras de moda no tienen solo 25 años. Tienen 40, 50, 60 o más. Están ahí, compran, eligen y sostienen una parte importante del mercado. Sin embargo, siguen apareciendo mucho menos de lo que deberían. De esa observación nació HUNCH, la agencia que fundó para representar perfiles de más de cuarenta años. Pero la conversación no termina ahí. Lo que Anabel está señalando va más lejos: la edad sigue tratándose como una excepción estética, cuando forma parte de la vida real de las mujeres que la industria dice entender.
“Muchas de sus clientas ya no tienen 25 años”, dice. No se trata solo de diversidad ni de inclusión. Se trata de relevancia. De entender quién está comprando, quién está decidiendo y quién se siente, o no, reconocida en una campaña. “Las mujeres que hoy sostienen gran parte del consumo en moda, belleza, joyería o lifestyle son mujeres con experiencia, criterio y poder adquisitivo. Sin embargo, siguen estando infrarrepresentadas”, explica.

Para Anabel, el cambio no tendría que sentirse tan extraordinario. Una mujer de 50 o 60 años debería poder protagonizar una campaña por las mismas razones que una mujer de 25: porque tiene presencia, estilo y conexión con la marca. Sin tener que justificarlo desde la edad.
“La edad debería dejar de ser una excepción y convertirse en una parte natural del paisaje visual de la industria”, dice.
Cuando habla de su propio momento de vida, aparece una palabra que se queda: claridad. “Hoy tengo mucho más claro quién soy, qué quiero construir y qué conversaciones merecen mi energía”, cuenta. Hace diez años, probablemente le preocupaba más encajar. Hoy le interesa más aportar una visión propia y defenderla. Esa seguridad, dice, llega con la experiencia.


Y quizá por eso su mirada no suena amarga. Suena precisa. Como alguien que conoce la industria desde dentro y entiende que cambiar una imagen también puede cambiar la forma en la que muchas mujeres se reconocen. La edad no debería ser el plot twist de una campaña. Tampoco una categoría que aparece solo cuando toca hablar de diversidad.
Para Anabel Luna, el reto está en dejar de mirar a las mujeres maduras como excepción y empezar a integrarlas con la misma naturalidad con la que llevan años existiendo fuera del frame. Porque la belleza, el estilo, el deseo y la presencia no desaparecen con el tiempo.
Fotos: Cortesía
Deja un comentario