Cubrir un mundial no es algo nuevo para Tania Rincón. Con cuatro Copas del Mundo en su trayectoria, la conductora ha sido testigo de cómo cambia la experiencia dependiendo del país, la cultura y el momento. “Creo que esta va a ser una de las más enriquecedoras al ser México país anfitrión”, cuenta, anticipando lo que representa el Mundial 2026, organizado por México, Estados Unidos y Canadá.
A lo largo de los años, ha visto cómo cada sede se transforma desde lo cultural. “Me ha tocado ver el desarrollo de otras sedes y son muy distintas entre ellas”, explica. Por eso, el caso de México tiene un peso particular: no solo por el fútbol, sino por cómo se vive. “Por lo que representa el fútbol en nuestro país, va a ser una sede muy linda”.
Más allá de los partidos, hay algo que para ella es incuestionable: “Sabemos ser anfitriones”. Y en un evento de esta escala, eso define la experiencia completa. Porque el mundial no se limita a los estadios. “Va a haber mil y un eventos alrededor del fútbol”, dice, dejando claro que incluso quienes no tengan boletos van a formar parte de la narrativa.
La cuestionamos sobre lo que nadie ve de cubrir un mundial y, si algo le interesa, es lo que ocurre antes de que empiece el partido. “Son demasiadas horas de trabajo”, dice sobre la cobertura de un mundial que se extiende por más de 40 días. Aunque lo verdaderamente importante sucede mucho antes. “Solo los atletas saben lo que hay detrás… horas de práctica, de fallas, de lesiones”. Un proceso que rara vez vemos, pero es esencial.
En ese detrás, hay una figura constante que pocas veces tiene protagonismo: las madres.
A través de su proyecto Mamá que espera, Tania ha centrado su atención en esas historias que sostienen el deporte desde el inicio. “El fútbol nace gracias al esfuerzo y a la tenacidad de la mamá”, explica. Mujeres que cambian de ciudad, que dejan su vida, que reorganizan todo para acompañar una carrera que apenas empieza. “Son historias súper emotivas, de mucha superación”.
Ese enfoque cambia por completo la narrativa del fútbol. Porque antes del reconocimiento, hubo sacrificios invisibles. “Dejaron en gran parte su vida por apoyar la vida profesional de sus hijos”, dice, subrayando una realidad que pocas veces se cuenta.
También hay un cambio claro en la industria que ella misma ha vivido. “Ya hay muchas mujeres al frente de espacios deportivos”, afirma. Lo que antes era excepción, hoy empieza a ser estructura. Y no solo eso: “Hemos tejido juntas esta red de apoyo, de sororidad”, explica, reconociendo el proceso detrás de esa transformación.
De cara al Mundial 2026, también hay espacio para pensar en lo que viene dentro de la cancha. Tania identifica selecciones fuertes como Portugal, España, Argentina y Francia, pero su lectura no es solo competitiva. Hay una expectativa emocional puesta en México. “Me encantaría que pudiera dar un manotazo en la mesa… necesitamos esa alegría”.
No necesariamente ganar, sino avanzar, cambiar la conversación, conectar de nuevo con la afición. “Aunque no ganen, decir: este año llegamos un poquito más lejos”.
Porque al final, el mundial no es solo el resultado. Es la suma de todo lo que lo hace posible: las historias, el contexto, la gente. Y en eso, Tania lo tiene claro: muchos van a elegir quedarse en México.
“Como México no hay dos”.
fotos: cortesía
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