Más de una década después de su primera edición, Feria Material ya es una parada obligatoria de la Semana del Arte en la Ciudad de México. Pero para Isa Castilla, su cofundadora, el camino no se mide solo en números o expositores, sino en la sensación de haber construido una comunidad. “Cada año hay un crecimiento muy grande”, dice. Recuerda especialmente el salto entre el cuarto y el quinto año, y el décimo aniversario, cuando la feria ya se sentía consolidada, como un lugar al que había que ir sí o sí.
Cuando Material nació en 2014, la escena era otra. Junto a Brett W. Schultz y Rodrigo Feliz, Isa Castilla apostó por abrir espacio a galerías jóvenes y a una generación que empezaba a coleccionar arte contemporáneo. Ser “diferente” significaba eso, mostrar artistas cercanos a un público que quería descubrir y comprar sin las barreras de las ferias más tradicionales. Hoy, más de diez años después, esa diferencia se traduce en crecer sin perder el espíritu de descubrimiento. “Queremos seguir siendo una feria donde la gente encuentre talento y tenga una experiencia cercana”, explica Isa. Una feria que se expande, pero que no pierde el trato personal.

Ese equilibrio también se siente en la relación entre lo comercial y el riesgo. Material siempre ha dado espacio a propuestas menos convencionales, a galerías que se atreven a experimentar y a artistas que usan otros lenguajes. Para Isa, ahí está la magia del arte contemporáneo, en tomarse el tiempo de ver, escuchar y entender lo que una obra quiere decir sobre el mundo que habitamos. No todo es vender; también se trata de provocar conversaciones y abrir preguntas.
A pesar del crecimiento, la feria mantiene un ambiente íntimo casi a propósito. La escala permite que coleccionistas hablen directamente con galeristas o artistas, que las relaciones se construyan de manera más cercana. “Se vuelve algo mucho más personal”, dice. Esa cercanía también se cuida desde la selección de galerías, que pasa por un comité internacional y busca mantener la frescura sin perder coherencia. La idea es que cada edición se sienta viva, en diálogo con lo que está pasando en el arte hoy.

En estos años también ha cambiado el coleccionismo. Isa nota más diálogo entre coleccionistas, más viajes a ferias y una generación que creció visitando espacios como Material o Salón ACME. Hay más acceso, más curiosidad y menos distancia. El público se ha ampliado y diversificado, y eso ha fortalecido la escena local.
A nivel personal, lo que la sigue emocionando es lo más simple: conectar con una obra. “Cuando conecto con una pieza, quiero entender por qué existe, qué está diciendo”, cuenta. Esa curiosidad es la que mantiene viva la feria. Porque, más allá de los stands y las ventas, Material funciona como un punto de encuentro. Un lugar donde galerías y artistas encuentran su espacio natural.

Si desapareciera mañana, Isa cree que dejaría un hueco importante para una generación de galerías que ha crecido con la feria y que encuentra ahí su plataforma. Pero por ahora, Material está lejos de eso. Ella la describe como una obra ya consolidada, con bases firmes. El futuro, dice, es seguir posicionando el arte contemporáneo mexicano a nivel internacional sin perder lo que la hace especial: la cercanía, el riesgo y la sensación de que siempre hay algo nuevo por descubrir.
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