Las obras de Otto Martín Moreno parten de una relación íntima con los objetos, el espacio y el tiempo. Su mirada no busca imponer formas, sino escuchar lo que la materia ya contiene: sus memorias, sus tensiones y sus posibilidades.
Otto entiende la creación como un acto de observación y de cambio. Para él, destruir también es crear, dibujar es recordar y cada material propone un diálogo distinto. Su trabajo invita a mirar con pausa, a rodear las piezas, a descubrirlas desde múltiples ángulos y a preguntarse por su origen, su sentido y su permanencia.
Más que ofrecer respuestas, su obras abren caminos de reflexión sobre cómo habitamos el mundo y cómo los objetos, silenciosamente, también nos habitan.

Casa Alonso Rebaque: Una escultura para ser habitada
Casa Alonso Rebaque siempre ha sido más que una casa, es un espacio que se habita y se transforma con el tiempo. Abrir hoy sus puertas al público responde a esa vocación original de experimentación, diálogo y pensamiento espacial.
La casa surge a mediados de los años cincuenta a partir de la colaboración entre Héctor Alonso Rebaque y Félix Candela. En este proyecto residencial, uno de los pocos en la trayectoria de Candela, el arquitecto trasladó su investigación estructural al ámbito doméstico mediante el uso del paraboloide hiperbólico, creando espacios luminosos y ligeros donde la forma es también estructura.
Más que un cliente, Alonso Rebaque fue un colaborador cercano que convirtió su hogar, habitado por tres generaciones, en un espacio de investigación continua. Hoy, la tercera generación retoma ese impulso al abrir la casa como una exhibición que ocupa la totalidad del espacio.
Las piezas que habitan la casa, dialogan con la arquitectura y el paisaje volcánico, combinando lo funcional con lo simbólico. Así, lo cotidiano, como una sala familiar, se transforma en un espacio de contemplación y la casa se revela como una escultura habitable: poética y rigurosa a la vez.

¿Cómo influye tu entorno en la manera en que creas?
Creo que la forma en la que vemos el mundo está profundamente determinada por los objetos y espacios que nos rodean. La realidad no existe de manera aislada; se construye a partir de aquello con lo que convivimos. Nuestra perspectiva se desarrolla gracias a los objetos que conforman nuestras realidades cotidianas.
En ese sentido, estoy muy agradecido con mis abuelos y con los espacios que habité desde pequeño. Lugares como la casa del Pedregal me dieron las bases para entender una idea tridimensional y habitable del mundo. Ese entorno me permitió comprender cómo desarrollar escultura dentro de una dimensión monumental, casi arquitectónica.
¿Sientes que la destrucción también puede ser una forma de creación?
Sí, completamente. Crear implica siempre sumar o restar. Al final, un objeto no deja de serlo aunque se le quite algo; lo que cambia es su esencia. Una casa sin puertas sigue siendo una casa, un coche sin ventanas sigue siendo un coche, incluso uno sin motor conserva su identidad, aunque pierda su función utilitaria.
La creación está ligada a la transformación. Ver un objeto, un martillo, por ejemplo, y pensar que puede curvarse o convertirse en otra cosa es parte de ese proceso. Todo está en movimiento.
¿Cómo llegan las ideas? ¿A partir del objeto mismo?
Un objeto es dinámico. Todo lo que existe está en movimiento y tiene un uso, incluso aquello que consideramos inútil. Lo inútil también cumple una función, aunque sea simbólica o estética. En mi cabeza, los objetos siempre se viven en 360 grados. No tienen un frente ni un reverso definidos.
Por eso mi obra no tiene una parte “de atrás” o “de adelante”. Me interesa que pueda observarse desde todos los ángulos, que siempre exista la posibilidad de descubrir algo nuevo.
Cuando dibujas, ¿qué aparece primero: la idea o la forma?
El dibujo es un momento poético. Me permite plasmar cosas que no podría materializar directamente en madera, plastilina o incluso en un espacio digital. El dibujo tiene una cualidad pictórica y plana que habilita otro tipo de memoria.
Siempre he pensado que mi obra gráfica, dibujos, pinturas, bocetos, son momentos metafísicos materializados en espacios planos.
Dibujar no es solo planear, es recordar, registrar, intuir”.

¿Siempre llevas un cuaderno contigo?
Sí, siempre. Me encanta. Puedo traer desde una pluma fuente hasta un plumón para hacer graffiti. Hay algo muy romántico en escribir o dibujar en cualquier superficie. A veces le escribo mensajes a mi novia por la ciudad, les tomo una foto y los guardo como memoria.
¿Qué tanto influye una buena pluma o un buen cuaderno en tu proceso creativo?
Esa pregunta tiene truco, porque ¿qué es una buena pluma o un buen cuaderno? Depende de cada persona. Al final, lo importante es encontrar la herramienta que mejor permita transmitir lo que quieres decir.
Una pluma es, en esencia, un tatuaje sobre el papel: una marca permanente sobre una superficie que ha sido trabajada, pulida y puesta en tensión para permitir que escribamos, dibujemos o recordemos. El papel puede contener desde una nota cotidiana hasta un dibujo casi inmortal. Eso me parece muy poderoso.

¿Tienes una pluma o cuaderno favorito?
No tengo una pluma favorita; más bien tengo una pluma para cada momento. Cada herramienta responde a una intención distinta. En las mañanas, por ejemplo, escribo un diario creativo y para ese momento uso una pluma Montblanc que me regaló mi abuela en 2018 y es la pluma de mi diario.
Para dibujar, en cambio, utilizo otras herramientas: plumas que me permiten experimentar con tintas minerales, plumones, o incluso tintas que yo mismo preparo. Hay materiales y trazos que jamás le exigiría a esa pluma. Al final, cada momento creativo pide su propia herramienta, y me gusta respetar ese diálogo entre lo que quiero hacer y con qué hacerlo.
¿Qué material disfrutas más trabajar?
Técnicamente, mi material favorito es la madera. Es accesible, popular y permite una enorme variedad de procesos, tanto industriales como artesanales. Pero todo material tiene limitantes. La madera no puede estar en exterior, por ejemplo.
Por eso también trabajo con acero, aluminio, bronce, resinas. Cada material responde a lo que quieres hacer y hacia dónde quieres llevar la obra. Hoy trabajo principalmente con madera y metal, entendiendo siempre sus posibilidades y restricciones.
Si fueras un objeto, ¿cuál serías?
Un reloj. Es un objeto que la gente cuida mucho, que acompaña momentos importantes y que une estética con tiempo. A diferencia de otros objetos que se descuidan o se reemplazan, los relojes, como ciertas piezas de joyería, se vuelven parte de nuestra vida. Nuestra relación con ellos es íntima.

¿Qué significa para ti crear? ¿Qué sientes cuando creas?
Crear es una necesidad interior, encontrar el medio adecuado para decir aquello que insiste en salir. Es responder a una inquietud profunda y darle forma, volverla material. Al crear, las emociones cambian. A veces hay satisfacción, otras veces incomodidad o incluso dolor, pero casi siempre aparece una sensación de plenitud, como si algo interno encontrara, por fin, su lugar.
¿Cómo te gustaría que alguien se sintiera al ver una pieza tuya?
Me gustaría que entrara en un estado de reflexión. Que se preguntara cómo está hecha, por qué existe, qué significa, por qué no tiene pedestal, por qué está colocada de cierta manera. Que sea un momento de introspección, casi de meditación.
¿Qué sigue para ti?
Estoy terminando una exposición en Casa Alonso Bebaque. Este año quiero seguir desarrollando el Proyecto H y comenzar el proceso para aplicar a una maestría en artes plásticas el próximo año.
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