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“La Oficina” es su nuevo escenario: Elena del Río

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En una oficina donde el absurdo reina y el humor nace de lo incómodo, Elena del Río encontró algo más que un personaje: encontró una versión más segura de sí misma. En esta conversación nos habla de sus inicios fuera del medio artístico, del vértigo de enfrentarse a una adaptación tan querida como La Oficina, y del proceso íntimo de construir a Sofi Campos desde la honestidad, la libertad creativa y el riesgo

Cuéntame un poco sobre ti, antes de la actuación. ¿Qué te llevó a audicionar para La Oficina y cómo fue el proceso?

Vengo de una familia completamente ajena al medio; nadie había actuado antes. Recuerdo muy claro que, en primero de secundaria, participé en una obra de teatro. No conocía realmente a mis compañeros, pero en cuanto salí al escenario todas mis inseguridades desaparecieron. Fue un momento muy revelador: entendí que ese era mi lugar. A partir de ahí vinieron los cursos, la universidad, la preparación constante.

Un día me llegó el casting para La Oficina. Lo veía casi imposible, muy lejano… pero se logró. Fue uno de esos procesos que parecen inalcanzables hasta que, de pronto, suceden.

¿Qué te atrajo de tu personaje, Sofi Campos, y cómo lo describirías en tus propias palabras?

Desde el principio nos pidieron que no hiciéramos ninguna copia de personajes anteriores, y eso me llamó muchísimo la atención. Pensaba: ¿qué hace esta chica en un lugar tan horrible, con un jefe tan nefasto? Me interesaba descubrir esa contradicción.

Sofi es profundamente honesta, pero también disfruta hacer pequeñas maldades; eso me encanta porque yo soy todo lo contrario. De alguna manera me recuerda a mi yo del pasado: es inteligente, encantadora, pero está perdida, no sabe hacia dónde ir ni si el camino que sigue es el correcto. Hoy ya no me identifico con eso, pero antes sí.

¿Cómo fue tu experiencia grabando La Oficina?

Ha sido el proyecto en el que más me he divertido. Desde el inicio nos dieron una libertad creativa increíble. Al principio estaba muy nerviosa, con miedo a hacerlo mal, hasta que entendí que en este formato no hay manera de equivocarse: muchas veces, mientras más crees que te estás equivocando, mejor lo estás haciendo.

Se trataba de atreverse, de proponer ideas nuevas. Tal vez las usaban o tal vez no, pero siempre crecías. Hacíamos dinámicas de improvisación, escribíamos las historias de nuestros personajes… y cada quien sacaba cosas increíbles. Eso me dio muchísima confianza para hacer lo mismo.

¿Cómo fue construir tu propio enfoque del personaje, especialmente cuando te pidieron no copiar otras versiones?

Fue un reto, porque soy muy fan de la versión de Estados Unidos. Pero decidí enfocarme por completo en el guion, que estaba muy bien escrito. Si nos decían que no era la misma versión, era por algo.

Los productores nos propusieron muchos ejercicios y actividades para encontrar a nuestros personajes y nos dieron gran libertad. Al principio me sentía un poco perdida, pero poco a poco descubrí que Sofi es súper fatalista, algo que no tiene nada que ver con la otra versión, y ahí encontré su esencia.

¿Hubo algo del ambiente de oficina que te sorprendió o que te ayudó a construir mejor tu versión de Sofi?

Ese ambiente me ayudó muchísimo, incluso a nivel personal. Me devolvió la confianza, la sensación de que iba por buen camino y de que lo que proponía tenía valor.

Con esta serie siento que gané algo muy importante: comunidad. Pasar tanto tiempo juntos termina por convertir el set en una familia. Todos los días estaban llenos de experiencias y risas; ir a grabar era como si fuera el Día del Niño.

¿Qué fue lo más desafiante de grabar una comedia en formato de “falso documental”?

Para mí, la comedia es lo más difícil que existe. Mucha gente cree que es fácil, pero a mí es lo que más inseguridad me provoca. Sin embargo, estar rodeada de personas tan talentosas en este género me hizo aprender muchísimo.

Entendí que no necesitas estar de buen humor para hacer reír; necesitas estar pensando constantemente en cómo provocar esa risa. Además, aunque el guion estaba muy bien construido, siempre dejaba espacio para improvisar sin perder el hilo de la historia.

¿Qué esperas que el público mexicano y latinoamericano encuentre en La Oficina que quizá no vea en otras comedias?

Autenticidad. Aunque es un formato que viene de otro lugar, esta es una comedia profundamente mexicana. No copia otro humor; nuestra cultura tiene un potencial enorme por sí sola.

¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando en la actuación y sueña con papeles que desafían expectativas?

Paciencia, muchísima paciencia. Si es lo que más te apasiona y realmente eres bueno, va a llegar. Tal vez no exactamente como lo imaginas, pero todo fluye con perseverancia y dedicación. Eso sí: tiene que apasionarte de verdad. Sin esa pasión, es muy difícil sostener el camino.

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