Las tierras caribeñas han sido testigo de historia, desde piratas y tesoros, hasta un legado y espíritu imponente. La historia se ha contado de generación en generación y ha sido razón para que miles de turistas visiten la ciudad. Por fin hemos encontrado ese tesoro místico, pero no era uno como aquellos que se esperaban en las historias de piratas de la región. Este es el nuevo Four Seasons Hotel and Residences Cartagena, un proyecto desarrollado y materializado con la mayor atención al detalle, como se caracteriza cualquier otro de la marca.
La historia
Ubicado en el barrio de Getsemaní, y a unos pasos de la Ciudad Amurallada, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La propiedad se mimetiza de manera perfecta con la contemporaneidad de la creciente ciudad. Después de años de trabajo de restauración, el hotel abre sus puertas a un espacio donde lo histórico no aparece como escenografía, sino como estructura. Una inesperada fusión entre el estilo colonial y una propuesta de elegancia contemporánea le dan vida a su icónico lobby con un atrio de cristal y sus 131 alojamientos, con un número limitado de residencias privadas, conectadas por pasillos y patios interiores.

Cada espacio construye una narrativa retomando materiales, texturas y paleta de colores que hacen referencia al espíritu caribeño; más que un intento de reinterpretar la historia, la marca apuesta por continuarla desde la contemporaneidad. Fruto de trabajo del diseñador francés François Catroux, cuya visión logra un equilibrio entre la comodidad y sofisticación. Su intervención, una de las últimas de su carrera, se percibe especialmente en los espacios del antiguo Club Cartagena y en las suites más emblemáticas. De igual manera, el carácter del hotel fue construido con la ayuda de diversos artistas y artesanos locales como: Alejandro Fernández y sus relieves escultóricos, Eloin Rivera con piezas de paisaje a gran escala, Miguel Cárdenas encargado de obras en habitaciones y la diseñadora colombiana Poli Mallarino con mobiliario y textiles.


Gastronomía y bienestar
La propuesta y hospitalidad se extienden también a lo gastronómico. Con ocho espacios distintos, desde restaurantes hasta bares, el hotel deja de catalogarse como un lugar solo de estancia, y más como un punto de encuentro. Los edificios históricos que lo conforman habitan distintas propuestas gastronómicas y de mixología que abren la vista al Caribe, literal y figurativamente.
El bienestar también encuentra su lugar dentro de este proyecto con Umari Spa, ubicado en un edificio histórico restaurado. Inspirado en la planta local umari, con referencias a prácticas ancestrales y una arquitectura que remite a antiguos claustros.

Four Seasons Cartagena se convierte en una extensión natural de la ciudad, y un estandarte de la hospitalidad, la arquitectura y la historia del lugar.
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