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Fernando Bonilla y Elena del Río, protagonistas de La Oficina: el fenómeno que convirtió la vida godín en conversación nacional

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Con una segunda temporada en puerta, entrevistamos a los protagonistas de la serie que ha conectado con una una audiencia que se reconoce —y se ríe— en su propia realidad.

Lo que parecía una exageración de la vida godín terminó siendo, en realidad, un espejo incómodo. La viralidad de sus escenas, la apropiación inmediata del público a través de memes y la forma en la que ha logrado dialogar con el absurdo cotidiano mexicano han confirmado algo contundente: la comedia no necesita subrayarse para funcionar.

Para Fernando Bonilla y Elena del Río, protagonistas de esta historia, el éxito también ha significado una revelación. La serie no solo ha conectado con audiencias diversas —desde quienes buscan entretenimiento ligero hasta quienes encuentran capas más profundas en su narrativa—, sino que ha abierto la puerta a una nueva forma de hacer comedia en México: más arriesgada, más observacional y profundamente ligada a su contexto.

De cara a una segunda temporada, La Oficina no solo se consolida como un fenómeno cultural, sino como una conversación abierta sobre el trabajo, la precariedad, las relaciones humanas y, sobre todo, la capacidad de reírnos de todo ello.

¿Alguna vez han trabajado en una oficina?

Fernando Bonilla: He trabajado como guionista, y eso implica muchas horas de escritorio, aunque normalmente desde casa. También he trabajado en noticieros, donde he tenido horarios de entrega y dinámicas bastante godín, pero tampoco es una chamba de oficina como tal.

Elena del Río: La última oficina a la que fui fue la de mi papá. Nunca he trabajado en una oficina.

La serie ya es un éxito. ¿Qué les ha enseñado la respuesta del público sobre su trabajo en comedia?

Elena del Río: La respuesta del público me hizo darme cuenta de que lo que yo creía que estaba exagerado, en realidad es bastante normal en una oficina. 

Fernando Bonilla: Sí, yo también. En ese sentido, creo que algo muy valioso es que es un proyecto que ha demostrado que no necesitamos explicar la comedia para que sea divertida. La gente se ríe sin que le tengas que decir “aquí te tienes que reír”, ni poner risas o ruiditos o explicar los chistes.

Creo que ha tenido muy buena respuesta porque la gente descubre cosas que no vio la primera vez, y eso lo vuelve un producto muy atractivo. También creo que ha inaugurado un lenguaje dentro del tipo de comedia que se hace en la televisión mexicana.

Lo más importante es que ojalá esto sirva para que las plataformas y las productoras tomen más riesgos, porque han estado encasilladas en el mismo tipo de comedia durante décadas, y el público está recibiendo con mucho entusiasmo algo distinto y arriesgado”.

Elena
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Dentro de toda esta viralidad, ¿qué meme o qué ocurrencia del público les ha impactado?

Elena del Río: En general me ha sorprendido muchísimo toda la respuesta: los memes, los videos, todo lo que la gente ha tomado para hacer referencias, sobre todo de oficinas. Ver que entran bandas a las oficinas… hubo uno donde recrearon la escena de Sofi cantando arriba del escritorio, y me sorprendió muchísimo que estén haciendo todo eso.

Fernando Bonilla: Sí, creo que empezaron a surgir muchos videos de “dicen que la oficina está exagerada, pero…”, mostrando situaciones absurdas de la realidad mexicana.

Eso ha sido padrísimo, como ponerle la intro a momentos emblemáticos del absurdo mexicano…

Todo tiene una conexión muy directa con la realidad. A pesar de que lo nuestro es ficción, eso ha comprobado que la serie está profundamente conectada con nuestra cultura, nuestra idiosincrasia y nuestro contexto”.

¿Les ha cambiado la percepción del trabajo de oficina?

Elena del Río: Sí. La verdad es que uno se imagina muchas cosas, y además tenemos referencias mucho más claras del trabajo en Estados Unidos por películas y series. Pero creo que haber hecho la serie y abrir esta ventana a lo que realmente pasa en las oficinas en México me cambió completamente la perspectiva.


Elena:
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¿Qué es lo que más les llama la atención de la cultura godín en México?

Fernando Bonilla: Creo que somos un país con una precarización laboral muy fuerte. La mayoría de la gente tiene muy pocas horas de ocio, que son indispensables para la vida, muy pocas vacaciones y jornadas muy extremas.

La gente pasa más tiempo en el trabajo y trasladándose que haciendo lo que realmente quiere hacer, y eso está muy mal. Y creo que la serie nos permite reírnos de esos jefes explotadores que te invitan a “ponerte la camiseta”, cuando en realidad son ellos y las empresas quienes se están enriqueciendo.

Entonces, la serie brinda catarsis y nos permite reírnos de nuestras propias desgracias”.

Siento que también habla mucho de cosas como el personaje de Abby, que ha sido muy bien recibido, porque es muy común en las oficinas que la gente tenga que tener otras chambas o vender catálogos. Eso refleja que los sueldos no corresponden a las exigencias. Entonces, aunque no es una serie con un propósito político ni de dar moralejas, creo que la comedia muchas veces sirve para exponer realidades y burlarnos de ellas.

¿Hubo algo que al principio les parecía exagerado y luego entendieron que era completamente real?

Elena del Río: Todo, un poco.

Fernando Bonilla: Sí. Creo que el hecho de que el trabajo tome más relevancia de la que debería, y que tu vida termine girando alrededor de él, habla de cómo se pierde la noción del mundo exterior.

La oficina se convierte en tu ecosistema, y entonces todas las relaciones humanas —de amor, de odio— se intensifican dentro de ese entorno, porque es la persona que tienes al lado del cubículo. Entonces, o te enamoras de ella o la odias, cuando en realidad, en un contexto más equilibrado, simplemente harías tu trabajo y ya.

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Si no hubieran interpretado a su personaje, ¿qué personaje les hubiera gustado hacer?

Elena del Río: A mí me hubiera gustado mucho ser Ángeles, siento que me habría divertido muchísimo.

Fernando Bonilla: Yo diría que Aniv, pero siento que no lo podría hacer mejor que Villita, entonces voy a decir Don Lover.

¿Quién de los actores se parece más a su personaje?

Fernando Bonilla: Es una pregunta peligrosa.

Elena del Río: Creo que Arturo Vinales y el personaje de Cañedo, o Memo Quintanilla y Don Abel, también están por ahí.

De cara a la segunda temporada, ¿qué rumbo le ven a sus personajes?

Elena del Río: A mí me encantaría que en la segunda temporada Sofi se quedara como el perro de las dos tortas y que tuviera que realmente investigar qué es lo que siente.

Fernando Bonilla: Y bueno, creo que Jero es un personaje que siempre toma las peores decisiones, entonces seguramente seguirá tomando decisiones equivocadas que generen caos desde su torpeza e inconsciencia.

Yo lo que espero para la segunda temporada —aunque todavía no conocemos los guiones— es que no se distraigan con los macro arcos y que no se pierda la esencia de la serie, que es la cotidianidad de la oficina: un grupo de empleados padeciendo a un imbécil como jefe.

Fernando ¿qué es lo que más te gusta del personaje de Sofi?

Fernando Bonilla: Me gusta que es una chica muy astuta, que tiene un universo interno muy amplio. Y creo que es el contraste más obvio en cuanto a ideología con Jerónimo. Es una chica con mucho más salvajismo y con mucha más oscuridad de la que su entorno le permite. Eso me gusta mucho de Sofía.

Elena, ¿qué es lo que mas te gusta del personaje de Jero?

Elena del Río: Me gusta que en realidad es como un perrito pateado, entonces sí es como de “pobrecito”, de repente sí me da ternura.

¿Qué es lo que más admiran el uno del otro?

Fernando Bonilla: De Elena creo que su inteligencia y su claridad. Tiene una capacidad de ver y sentir cosas muy distintas a las que yo puedo ver y sentir. Tenemos formas muy distintas de percibir el mundo y eso es increíble. Y también su risa.

Elena del Río: Creo que Fernando es una persona muy inteligente, pero también puede ver la vida con ligereza, y eso está padre.

¿Mayor reto y mayor satisfacción del proyecto?

Elena del Río: El mayor reto fue no compararme y no sentir que no puedo. El tamaño del proyecto a veces me imponía.

Y la mayor satisfacción es haber trabajado con gente tan talentosa, tan creativa, tan abierta, tan buena compañera en todos los sentidos y en todas las áreas de la serie.

Fernando Bonilla: Para mí el mayor reto fue mantener al personaje en un equilibrio muy precario, que fuera incómodo y desagradable, pero no tanto como para que quisieras dejar de verlo. Encontrar ese lado de patetismo y ridículo que hace que lo desapruebes pero también te den ganas de abrazarlo.

Y mi mayor satisfacción ha sido la diversidad de audiencias que está recibiendo bien la serie. Gente que la ve solo para reírse, gente que se clava en los detalles, gente con gustos muy distintos.

Creo que eso habla de que hicimos algo con muchas capas, y eso es muy difícil de lograr.

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