Cuando se anunció que México tendría su propia versión de The Office, las reacciones fueron inmediatas: curiosidad, escepticismo y, sobre todo, miedo de que un clásico de la comedia terminara en una adaptación más. Curiosamente, Fernando Bonilla pensó exactamente lo mismo. El actor interpreta a Jerónimo Ponce III en La Oficina, la adaptación mexicana que mantiene el formato de falso documental pero traslada el caos laboral a una empresa mexicana nos cuenta que cuando escuchó por primera vez del proyecto, tampoco estaba convencido.
“Lo primero que pensé fue el peor escenario posible: que la iban a destrozar”, admite Bonilla. “Básicamente imaginé lo mismo que muchos de los haters que reaccionaron cuando se anunció”.
De hecho, el actor dudó incluso en audicionar.
La versión original de The Office, especialmente la británica, es uno de los referentes de comedia que más respeta, así que la idea de participar en un remake le generaba más desconfianza que entusiasmo. Pero la percepción cambió cuando empezó a conocer el proyecto desde dentro.
“Me di cuenta de que no era algo hecho a la ligera ni una adaptación oportunista. Había un trabajo muy serio detrás y gente muy comprometida con hacer una versión increíble”.
Casi dos años después, asegura que la experiencia terminó superando sus expectativas iniciales. Uno de los puntos que más recalca Bonilla es que La Oficina no intenta replicar el humor ni las historias de la serie original. “La mayoría de los elementos son distintos: no son las mismas tramas, ni los mismos personajes, ni los mismos chistes”.
Eso responde también a una decisión de BBC, propietaria de la franquicia.
Según explica, cuando una nueva versión de la serie se desarrolla en otro país, hay tres reglas básicas: mantener el formato de falso documental, la premisa de una oficina que sufre al peor jefe del mundo y el clásico triángulo romántico entre empleados.
“Fuera de eso, la idea es que cada adaptación encuentre su propio lenguaje”. En el caso mexicano, el cambio más evidente está en el jefe.
“Aquí el personaje está ahí porque es el hijo del dueño de la empresa. Y eso significa que no lo pueden correr”. Esa simple premisa, dice Bonilla, abre una puerta enorme para la comedia.
En la pantalla, Jerónimo Ponce III es narcisista, torpe, desesperado por aprobación y completamente incapaz de reconocer cuando se equivoca. Bonilla asegura que la distancia entre él y su personaje es total. “Yo diría que la vida se trata justamente de parecerse lo menos posible a alguien como Jerónimo”.
Existe, eso sí, una coincidencia superficial: ambos crecieron en familias conocidas dentro de su propio gremio. “Podría decirse que los dos somos nepobabies”, bromea.
Si algo define a La Oficina, según el actor, es la incomodidad. La serie se construye alrededor de un jefe que está convencido de ser gracioso… aunque nadie más lo crea.
“Todos hemos visto a ese tipo de persona”, dice Bonilla. “Ese señor que cuenta chistes que no dan risa, pero está convencido de que es el más divertido del lugar”.
En lugar de adaptar bromas de la serie original, el equipo desarrolló situaciones propias a partir de personajes mexicanos. “Más que traducir el humor, se trató de construir uno nuevo”.
Una serie que busca incomodar
Bonilla cree que una de las mayores sorpresas para el público será el tono. “Para mí es un caballo de Troya”. La popularidad del nombre The Office permitió impulsar una propuesta más incómoda y ácida de lo que normalmente se ve en televisión mexicana. “Es un humor incisivo. Tocamos temas políticos, sociales, cosas incómodas”.
No necesariamente es un tipo de comedia nuevo para México pero sí poco habitual dentro de la televisión comercial, que durante años ha apostado por fórmulas mucho más seguras.
Aunque Bonilla no descarta seguir explorando el personaje durante varias temporadas, también tiene otros proyectos en camino. El actor, que también trabaja como guionista y director, dice que lo que más le interesa es evitar repetirse. “Me gusta cambiar de aguas, probar géneros distintos”.
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