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El Coro: la nueva marca de Jorge Patiño

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La creación siempre viene desde el centro. Conocer(se) es el primer paso para construir algo auténtico, para dar forma a una historia que tenga sentido y permanezca en el tiempo. Entender de dónde vienen nuestras referencias, qué memorias nos mueven y qué historias queremos contar. La moda, más que una industria estética, es un espacio donde lo personal se transforma en lenguaje y todo un universo.

Tuve la oportunidad de conversar con una de las, que yo considero, mentes creativas más interesantes de nuestra generación: Jorge Patiño. Un creador que encuentra en la nostalgia, en los recuerdos familiares y en la sensibilidad de lo cotidiano una forma de traducir lo intangible a tangible.  El Coro, su nueva marca de ropanace precisamente de esa introspección. Desde los uniformes escolares hasta la estética marinera y las historias heredadas de sus padres y abuelos, Jorge construye una marca que mezcla elegancia, libertad y memoria. En esta plática, comparte cómo ese proceso emocional dio forma a su primera colección, los retos de materializar una visión tan personal y la forma en que espera que El Coro siga evolucionando con él.

¿De dónde nace tu necesidad por crear una marca de ropa?

Cuando descubrí la creatividad detrás de la moda fue cuando más me enamoré de ella. Me di cuenta de que no se trata solo de la ropa que te pones o compras, sino de los mundos completos que crean las marcas y casas de moda, desde las prendas hasta los desfiles, las tiendas y las campañas. Todo ese universo me hizo entender que la moda transmite mucho más, y desde hace alrededor de cuatro años se me quedó la idea de crear una marca propia. Hace dos años me decidí y empecé a bajar todas mis ideas. De ahí nació El Coro.

¿De dónde sale el nombre?

Fue lo que más me costó definir. Ya tenía la colección muy clara en mi cabeza, incluso las campañas, pero quería un nombre que me permitiera crecer. Que en diez o veinte años, si la marca evoluciona hacia algo más minimalista o más formal, el nombre siguiera funcionando sin limitarme. También me importaba que fuera en español; muchas marcas mexicanas usan nombres en inglés, y yo quería que desde el nombre se entendiera su origen. Buscaba dos palabras cortas, fáciles de recordar. Después de más de 50 opciones, me quedé con El Coro porque además es una de mis películas favoritas: Los Coristas. Me inspiró mucho la estética de los uniformes de la película, esa mezcla entre elegancia, inocencia, juego e infancia.

Hablando de uniformes, ¿crees que como persona es importante tener uno que defina tu estilo?

No es obligatorio, pero creo que sí puede ser valioso. Cambiar de estilo también se vale, especialmente si eres una persona experimental, pero a muchos nos gusta tener algo que se sienta propio, algo que repites y te recuerda a ti. También ayuda cuando no quieres pensar demasiado en qué ponerte. Tener un “uniforme” crea una estética que comunica tu esencia.

¿Cómo fue el proceso de creación de tu primera colección?

La primera prenda que quise hacer fue la polo, un chaleco con polo integrado. Nació de una foto mía de niño donde traía camisa y chaleco; siempre que pienso en mí de pequeño, pienso en esa imagen. Siempre quise usar chaleco con camisa, pero se me hace incómodo. Quería que mi marca fuera muy cómoda, así que decidí convertirlo en una sola prenda.

Para esta colección me inspiré mucho en mis moodboards. Tengo un álbum lleno de recortes y fotos impresas con muebles, texturas, lugares. Entre ellos tenía muchas imágenes de marineros y veleros. Aunque cuando me subo a uno me mareo, estéticamente ese mundo siempre me ha fascinado. Me inspiré en el corte de la camisa marinera, en gabardinas y en esa sensación de libertad del océano. Aunque probablemente nunca navegue así, me parece un mundo increíble.

¿Qué descubriste o redescubriste sobre ti durante este proceso?

Me di cuenta de que mucha de la ropa que hice está inspirada en fotos de mi infancia, pero también en imágenes de mis papás y abuelos cuando eran jóvenes. Me llamaba la atención cómo en esas fotos nadie buscaba seguir tendencias; simplemente usaban lo que les hacía sentir cómodos y era parte de su esencia.

Pasé por una etapa en la que experimenté demasiado con mi ropa, quizá por redes sociales o exposición constante a distintos estilos. Pero me di cuenta de que lo que realmente me hacía sentir bien era regresar a lo que siempre me había gustado: mis memorias, mis uniformes, mis películas favoritas. Por eso quise crear la colección desde adentro, no siguiendo modas ni buscando “pegar”.

¿Qué elementos estéticos o narrativos son esenciales para entender el ADN de El Coro?

La elegancia con libertad. Pantalones y suéteres para pasear al perro, tomar un café o vivir la vida cotidiana. También la nostalgia hacia los uniformes, la vida de campo, el mar. Mezcla naturaleza con elementos clásicos y una idea importante: usar la ropa sin miedo a gastarla.

¿Cuál fue el mayor reto al materializar tu visión en prendas reales?

No saber muchas cosas al inicio. Detrás de una marca hay una parte legal, administrativa y operativa muy grande. La parte creativa es apenas el 10% del trabajo. Quería hacer todo formalmente para construir una base sólida, así que tuve que enfrentarme a procesos que desconocía por completo. Fue un reto mantener la perseverancia.

¿Qué mensaje le darías a tu versión pasada que soñaba con tener esta marca?

Que lo importante es hacer las cosas. No importa si no salen perfectas a la primera o si toman más tiempo del esperado. Hacer algo te puede abrir miles de puertas. Nunca sabes a dónde te puede llevar cada proyecto. La única forma de crecer y crear oportunidades es haciendo.

¿Qué te gustaría que sintiera la gente al usar tus prendas?

Que sientan que forman parte de este mundo. Yo, cuando compro de una marca, no compro solo la prenda; compro la historia completa. Me encanta pensar que quienes usen El Coro puedan sentir esa nostalgia y esa magia.

¿Cómo te gustaría ver evolucionar El Coro dentro de algunos años?

Me gustaría ver El Coro convertido en una marca grande. Me encantaría tener tiendas y hacer desfiles; los desfiles son lo que más me gusta de las marcas porque son el momento en el que todas las artes se juntan: escenografía, música, diseño. Para mí, eso es lo más emocionante. También quisiera que la marca creciera de manera sólida, que pudiera explorar otros formatos, otras estéticas, y que fuera evolucionando conmigo. Pienso en algo que pueda durar muchos años, que siga expresando esta mezcla de nostalgia, libertad y elegancia, pero también que pueda transformarse sin perder su esencia.

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