Andrea Chaparro habla sobre Gertrudis, libertad, feminismo e intuición en la segunda y última temporada de Como agua para chocolate.

Andrea Chaparro regresa en la segunda y última temporada de Como agua para chocolate y nos platica cómo Gertrudis es fuerza, cuerpo, deseo y decisión: una mujer que no pide permiso y que convierte cada elección en un acto político. En esta etapa final, Andrea habla sobre libertad, feminismo, intuición y cómo este papel la llevó de pensar a hacer.
¿Cómo cambió tu relación con Gertrudis en comparación con la primera temporada?
Al principio quería entenderla. En esta segunda etapa, más que entenderla, quise recordarla. Antes me enfocaba en por qué hacía ciertas cosas; ahora me importaba quedarme con las consecuencias de esas decisiones. Habitar el “después” fue mucho más íntimo.
¿Qué parte de ella te costó más emocionalmente?
Su insistencia en no aceptar lo que no puede cambiar. Ella intenta cambiar lo que no puede aceptar, aunque sea agotador. Me vi mucho ahí.
¿En qué podrías decir que se parecen?
En ese impulso de no resignarse. Me gusta pensar que no es un tema de época, sino un sentimiento compartido entre mujeres. Lo veo hoy en mis amigas, en mi familia, en mí.
¿Qué aprendiste sobre ti misma al interpretarla hasta el final?
Que muchas veces necesitamos ver afuera lo que no logramos resolver adentro. Gertrudis me enseñó a observar patrones, a cuestionar de dónde vienen mis decisiones y a no quedarme cómoda con respuestas heredadas.
La rebelión no siempre es con armas o guerras, sino con decisiones personales que rompen expectativas sociales.
¿Cómo dialoga su libertad con la realidad de las mujeres actualmente?
No se siente lejana. Mamá Elena representa un sistema: normas, silencios, expectativas. Ese sistema sigue existiendo hoy, solo cambia de forma. Aún hay estructuras que dictan quién ama, quién cuida, quién carga con las consecuencias.
¿Qué te gustaría que las mujeres jóvenes aprendieran de ella?
Que no necesariamente la imiten, sino que la escuchen. Gertrudis tiene una intuición muy fina: sabe leer silencios incómodos, cosas que pesan más que cualquier acto rebelde. A veces hay más libertad en quedarse y cambiar las cosas que en huir.
¿Cómo es diferente su forma de vivir el feminismo frente a otros personajes?
Ella no lo piensa, lo hace. No lo nombra, pero lo vive desde el cuerpo. Es demasiado visible, demasiado ruidosa, demasiado libre para ese sistema. Su deseo no viene con culpa, y eso la vuelve una amenaza. Su feminismo es algo interno, natural, algo con lo que nació, no algo que aprendió.
¿Qué tipo de personajes te interesa explorar ahora?
Mujeres cuyas incoherencias no sean el conflicto, sino su estado natural. Personajes que no tengan que justificarse, solo existir. Me dan mucha paz y me encantaría devolverle eso al espectador.
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