La historia de Marbella Club también es parte de su encanto. En 1946, cuando el príncipe Maximiliano von Hohenlohe llegó a Marbella, en la costa sur de España, encontró un paisaje que lo convenció de quedarse.
Un año después, su hijo, el príncipe Alfonso von Hohenlohe, encontró la finca Santa Margarita, una propiedad junto a la playa que terminaría convirtiéndose en uno de los lugares más emblemáticos de Marbella. La primavera de 1954 fue la temporada en la que Marbella Club Hotel abrió sus puertas, con una personalidad propia que, hasta el día de hoy, lo sigue distinguiendo de los hoteles de lujo tradicionales de la época.
Desde entonces, la historia de este lugar ha evolucionado con Marbella, sin perder la esencia que le dio origen.
El lujo de Marbella Club



Aquí, más que hablar de una estética, se trata de una forma de vivir este destino. Un ambiente relajado, cercano a la naturaleza, que te invita a detenerte y bajar el ritmo.
Sus jardines, la arquitectura inspirada en el estilo andaluz y su cercanía con el Mediterráneo hacen que todo forme parte de su identidad y de las distintas formas de disfrutar este lugar.
Un lugar para quedarse


La experiencia en Marbella Club se completa con distintas opciones de alojamiento. Cuentan con habitaciones, suites y villas donde la comodidad y la privacidad son parte esencial del encuentro con el Mediterráneo.
Espacios con vistas al mar o villas rodeadas de jardines son algunas de las distintas formas de quedarse en este lugar, ya sea en pareja, en familia o para desconectarse de la rutina tradicional. Además, cuenta con nuevas villas, interiores que reflejan la esencia del Mediterráneo y nuevos espacios que continúan la evolución del lugar.
Una historia que también se cuenta a través de la mesa



La gastronomía es otra parte esencial de Marbella Club. Su propuesta reúne restaurantes y bares para disfrutar de distintos momentos del día, desde un desayuno tranquilo y comidas junto al mar hasta cenas especiales rodeadas de naturaleza.
Entre sus propuestas se encuentra El Olivar, donde el chef Andrés Ruiz presenta sus menús con ingredientes de temporada que crecen en Finca Ana María. También está El Obrador, que reúne panadería artesanal, pastelería y otros productos de la finca.
Además, se encuentra el icónico Beach Club, uno de los espacios más emblemáticos del hotel junto al paseo marítimo, así como Kiosko 54, pensado para disfrutar de un momento frente al mar. Cada uno de estos lugares es parte fundamental de la esencia del lugar.
El bienestar es parte de Marbella Club



No podríamos hablar de este lugar sin mencionar las experiencias de bienestar. Aquí, el equilibrio entre cuerpo, mente y entorno es parte esencial. El hotel cuenta con Thalasso Spa, espacios dedicados al fitness y un estudio holístico. Además, también ofrece actividades acuáticas, pádel y experiencias ecuestres.
A lo largo de los años, Marbella Club ha sumado nuevas experiencias y espacios, pero parte de su identidad y esencia sigue marcada por aquella finca entre pinos que conquistó a la familia von Hohenlohe.