Interpretar a Daniel Cuenca en Mal de amores llevó a Juan Pablo Fuentes a recorrer la Revolución Mexicana, pero también a hacerse preguntas mucho más personales sobre la identidad, el amor y el lugar al que realmente pertenecemos.
“Después intenté olvidarme un poco de la Historia y entender al ser humano.” Ahí encontró al verdadero Daniel. “Es un joven que está buscando un lugar al cual pertenecer, que quiere ser coherente con lo que piensa, con lo que siente y con la manera en la que vive.”
Esa búsqueda fue también el mayor reto del personaje. Daniel vive constantemente dividido entre lo que siente y aquello en lo que cree.
“Puede ser profundamente romántico y al mismo tiempo abandonar ciertas cosas por sus ideales. Puede amar muchísimo y aun así elegir irse.” Pero, para Juan Pablo, el conflicto nunca estuvo en la capacidad de amar. “Daniel ama profundamente. Su conflicto está entre el amor y la necesidad de ser fiel a sus convicciones.”
Esa intensidad fue precisamente lo que más disfrutó interpretar.
“Tiene algo que yo admiro muchísimo: se atreve a vivir de acuerdo con lo que cree, incluso cuando eso tiene consecuencias.” Como actor, asegura que pocas veces encuentra personajes que se entreguen de esa manera. “No es un personaje tibio. Todo lo vive con una intensidad enorme y eso, como actor, es un regalo.”
Al llegar al rodaje, otra cosa terminó sorprendiéndolo. La magnitud de la producción no le quitó intimidad a la historia.
“Cuando lees la novela todo sucede en tu imaginación, pero de pronto llegar al set y encontrarte con ese México construido, el vestuario, los trenes, los caballos, las locaciones, cientos de extras… era impresionante.” Sin embargo, lo que más le marcó fue descubrir que, en medio de toda esa escala, la esencia seguía siendo profundamente humana. “Al final seguimos hablando de personas intentando amar, pertenecer y encontrar su lugar en medio de un país que está cambiando.”
Las escenas de las despedidas fueron las que más lo atravesaron durante el rodaje. Ahí dejó de pensar en Daniel como un revolucionario y comenzó a verlo simplemente como un hombre.
“Daniel constantemente tiene que decidir entre quedarse donde está su corazón o seguir aquello en lo que cree.”
Con el tiempo descubrió que compartía más cosas con él de las que imaginaba.
“Yo también he tenido esa pregunta de dónde está mi casa en distintos momentos de mi vida.” Pero hay una reflexión que resume todo lo que le dejó este personaje. “Ser libre no significa no necesitar a nadie; significa poder amar a alguien sin desaparecer tú en el proceso.”
Interpretar a Daniel también transformó la manera en la que entiende su propio trabajo como actor.
“Descubrí que podía confiar mucho más en mí.” Después de enfrentarse a un personaje que ya vivía en el imaginario de miles de lectores, aprendió una lección que piensa llevarse para siempre. “Prepararme muchísimo y después soltarlo. Llegar al set con todo el trabajo hecho, pero tener la libertad de escuchar, jugar y dejar que las cosas sucedan.”
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