FUEGUIA 1833 presenta Ronroco, una fragancia creada junto al compositor argentino que traduce el sonido, la madera y la melancolía de su instrumento más icónico en una experiencia olfativa.
Hay artistas que construyen universos completos alrededor de una sensibilidad. Gustavo Santaolalla es uno de ellos. Desde las guitarras melancólicas de Babel hasta las atmósferas emocionales de The Last of Us, el músico argentino lleva décadas creando paisajes que se sienten íntimos incluso cuando son masivos. Ahora, esa sensibilidad sale del sonido para convertirse en aroma.
La nueva colaboración entre FUEGUIA 1833 y Santaolalla se llama Ronroco. Y sí, toma su nombre del instrumento andino que el compositor ayudó a convertir en una firma personal dentro de su música.

El sonido de la madera, convertido en aroma
Para crear la fragancia, Bedel analizó físicamente el ronroco en el laboratorio de FUEGUIA. La madera, las resinas y las texturas del instrumento se transformaron en notas olfativas como copal, Oud Chaco y Salvia del Monte. El resultado es un perfume cálido, resinoso y ligeramente ahumado, que recuerda al aire frío de montaña, la madera barnizada y el humo ceremonial.
Más que oler “bien”, Ronroco busca generar una sensación. Tiene algo nostálgico, casi cinematográfico. Como escuchar un soundtrack de Santaolalla mientras manejas de noche por la ciudad.
Y quizá ahí está lo interesante de este lanzamiento: en un momento donde muchas colaboraciones parecen diseñadas únicamente para viralizarse, Ronroco se siente personal. Íntimo. Hecho desde la memoria y no desde el algoritmo.
Además del perfume, Santaolalla compartió una playlist con composiciones propias donde el ronroco tiene presencia importante dentro de su obra, expandiendo la experiencia más allá del objeto.
Porque al final, Ronroco trata más que solo de perfumería. Trata sobre cómo ciertos sonidos, materiales y recuerdos pueden quedarse contigo de formas inesperadas. Incluso a través de un aroma.
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