Esta semana, la Fashion Week ha tomado la ciudad con una mezcla de nervio, creatividad y esa energía caótica que solo aparece cuando todo el mundo quiere decir algo a la vez… y con estilo.
Lo que más se siente en el ambiente no es solo tendencia, sino intención. Hay una clara apuesta por la identidad: diseñadores que miran hacia dentro, hacia lo propio, reinterpretando códigos clásicos españoles —desde la sastrería más estructurada hasta referencias casi folklóricas— pero llevadas a un terreno contemporáneo, incluso experimental.
También se nota un giro interesante hacia la sostenibilidad, aunque sin caer en el discurso fácil.
Más que slogans, lo que se ve son materiales reciclados mejor trabajados, procesos más cuidados y colecciones más pequeñas, casi cápsula, que apuestan por durar más allá de la temporada.
En pasarela, destacan los contrastes
Siluetas muy limpias frente a volúmenes dramáticos, tonos neutros que de repente estallan en color, y una convivencia constante entre lo urbano y lo artesanal.

La moda en la calle.
Porque si algo tiene esta semana es que no se queda solo dentro de los recintos. Afuera, el street style está siendo casi tan protagonista como los desfiles: arriesgado, despreocupado y, en muchos casos, más auténtico.
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