Doménica Montero llega en un momento muy especial en la vida del actor y se convierte en uno de los proyectos más intensos de su carrera. En esta entrevista con Marcus Ornellas, habla de por qué conectó tanto con el personaje, los retos emocionales desde los primeros capítulos, lo que más disfrutó del rodaje y cómo esta nueva versión renueva el melodrama clásico sin perder su esencia.
¿En qué momento llega Doménica Montero a tu vida?
Llegó en un momento muy bonito y muy especial para mí. Fue en 2025, un año muy intenso, con muchos cambios en mi vida profesional. Creo que llegó en un momento importante, y qué bueno que llegó, porque fue volver a trabajar con Carlos Bardasano, con quien ya había trabajado dos veces antes, esta es la tercera, y trabajar por primera vez con Angie, además de un reparto y un equipo técnico increíbles.

¿Qué dirías que te atrajo del personaje?
Yo soy muy sensible, y me gustó mucho que el principio de la historia fuera tan intensa. Es una historia que te conmueve, cuando ves lo que le pasa a Luis Fernando. Todo ese esfuerzo que él y su esposa hacen por salir adelante, por sacarla de esa enfermedad que es el cáncer, que afecta a muchísimas familias. Es difícil que alguien diga que no conoce a una persona cercana que haya pasado por algo así. Entonces es algo con lo que la gente se identifica fácilmente
¿Qué similitudes hay entre tú y el personaje?
Muchas. La resiliencia es algo muy fuerte en él yo mismo me considero resiliente, pero no tanto como él, y espero no tener que probarme a ese nivel. Es un hombre paternal, amoroso, de familia, y creo que en eso nos parecemos mucho. Además, crecimos en el rancho, así que me identifico mucho con él.
¿Qué fue lo que más te retó al hacer este personaje?
Tocar temas tan fuerte desde el principio de la historia. Normalmente empezamos a grabar a partir del capítulo 6, 7 u 8, y después de un par de semanas grabamos los primeros capítulos. Eso ayuda porque en el set vas moldeando el personaje, el tono, los actores, los directores, la producción. Pero en esta ocasión tuvimos que empezar por los primeros dos capítulos, y para mí eso representó una carga emocional muy importante.
Afortunadamente estuve con Alejandra Robles Gil, con quien ya había trabajado y que es una gran actriz, y eso facilitó mucho la conexión.


¿Qué es lo que más has disfrutado de grabar?
Las escenas a caballo, las escenas en el río, en el agua. Juntan dos partes muy importantes de mí: el trabajo y la naturaleza. Los animales, el río, poder nadar entre toma y toma… eso me conecta mucho con mi infancia. Fue como reconectar con mi niño interior.
¿Qué traes tú de la versión original a este remake?
No he visto la original. Vi hace muchos años un par de capítulos de La dueña, la versión de Lucero, pero no más. Y no quise ver nada más relacionado, porque uno inconscientemente quiere imitar lo que ve, y prefiero no hacerlo.
¿Para dónde crees que va el mundo de las novelas hoy en día?
No existe una fórmula para que un proyecto sea exitoso. Pero el melodrama está en todas las plataformas a nivel mundial. Los contenidos más exitosos suelen ser melodramas y es un género muy querido, especialmente por los latinos.
Doménica Montero sobresale por su alta calidad técnica, se usaron cámaras de nivel serie, una fotografía espectacular, grandes directores y locaciones impecables. La historia fue adaptada por Jimena Suárez junto a Bardasano, una fórmula probada que actualiza la telenovela clásica con escritura, producción y tecnología de primer nivel.
Fotos: Israel G. Hernández P – @israelghp
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