En Florencia, la ciudad en sí misma es un museo. Cada calle, cada fachada y cada sombra cargan siglos de belleza, pensamiento y contemplación. Por eso, que Mark Rothko– mi artista favorito– llegue a este escenario se siente como una extensión natural del asombro. Su presencia en Florencia hace todo el sentido del universo.

Del 14 de marzo al 23 de agosto de 2026, la Fondazione Palazzo Strozzi presenta Rothko in Florence, una exposición concebida específicamente para este lugar, donde la arquitectura renacentista y la pintura abstracta no se contradicen, sino se reconocen. Curada por Christopher Rothko, su hijo, y Elena Geuna, la muestra celebra la relación profunda y silenciosa que el artista mantuvo con la ciudad, esa misma ciudad que le enseñó que el arte puede ser equilibrio y emoción al mismo tiempo.

Rothko entendía el color como experiencia, como espacio habitable. En Florencia, ese gesto cobra una nueva dimensión: sus lienzos no compiten con la historia, la escucha. Más de 70 obras, provenientes de instituciones como el MoMA, el Metropolitan Museum of Art, la Tate, el Centre Pompidou y la National Gallery of Art, recorren toda su trayectoria y permiten observar cómo el artista transformó la tensión entre la medida clásica y la libertad expresiva en una experiencia casi espiritual.

La exposición se expande más allá de Palazzo Strozzi y se funde con la ciudad a través de dos intervenciones especiales. En el Museo di San Marco, las obras conviven con los frescos de Fra Angelico y en la Biblioteca Medicea Laurenziana, diseñada por Miguel Ángel.
Porque cuando una ciudad que ya es un museo recibe a un artista que entiende el arte como experiencia humana profunda, todo encaja. Rothko en Florencia hace sentido, y ya.
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