Ciudad de México fue, para YALI, un punto de encuentro donde las historias se cruzan y el tiempo parece abrirse en capas. Más que una serie de presentaciones, el paso de la marca por la ciudad fue una conversación íntima, un gesto de cercanía que transformó el acto de mostrar en el acto de compartir, porque no hay nada más intimo que compatir la mesa.
Durante varios días, la marca permitió que su universo se desplegara sin prisa, alejándose del formato tradicional de presentación para habitar espacios domésticos y encuentros donde la moda dejó de ser un objeto para convertirse en experiencia.
Sobre YALI
Fundada por la diseñadora italiana Pia Zanardi y diseñada entre Milán y Nueva York, YALI es una casa de moda que se mueve entre lo atemporal y lo emocional. Su lenguaje nace de la artesanía, del cine, de los viajes y de una comprensión profunda de la ropa como extensión del cuerpo y de la identidad. Sus colecciones, confeccionadas con materiales de la más alta calidad, incluidos textiles deadstock recolectados alrededor del mundo, celebran la elegancia sin rigidez y la libertad creativa. Más que seguir temporadas, YALI construye un universo que se expande.



A lo largo de varios encuentros privados, en casas que se volvieron refugios temporales, YALI desplegó su universo atemporal de forma casi silenciosa. Las prendas no se exhibían, circulaban. Pasaban de mano en mano, acompañadas de historias, miradas y preguntas. La Core Collection, junto con piezas de temporada y prendas únicas confeccionadas con textiles deadstock recolectados alrededor del mundo, encontró en la curiosidad compartida su escenario ideal. Aquí, la moda no fue espectáculo, sino presencia.
Las piezas aparecían como parte del entorno, integradas a la arquitectura emocional de cada casa. No estaban ahí para ser observadas a distancia, sino para ser tocadas, probadas, recorridas con la mirada. En ese gesto íntimo, la colección se entendía mejor: prendas pensadas para vivir, para acompañar lo cotidiano, para envejecer con quien las usa. Cada encuentro sumó una capa más al relato.
La noche
El punto de cierre, o quizá de apertura, llegó a la Roma Norte, en la casa de Mónica Quintero. La cena no respondió a un protocolo, sino a un ritmo natural. La mesa se convirtió en punto de encuentro entre disciplinas, trayectorias y miradas distintas, y la moda funcionó como hilo conductor, no imponiéndose, sino acompañando.




En ese espacio íntimo, las prendas adquirieron otro significado. Ya no eran solo diseño o materialidad, sino contenedores de memoria. Cada gesto, servir vino, compartir una historia, observar un detalle, reforzaba la sensación de que YALI no estaba presentándose, sino dialogando. Lo que sucedía ahí no podía replicarse; pertenecía únicamente a ese momento y a quienes lo compartieron.
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