Siempre me ha acompañado el arte. De niña mis papás me llevaban a museos, nos contaban quién era Van Gogh, nos mostraban las bailarinas de Toulouse-Lautrec y nos enseñaban a mirar más allá del marco. Con el tiempo empecé a crear mi propio criterio: qué artistas me gustan, cuáles no tanto y por cuáles valdría la pena hacer fila en una exposición temporal, incluso si iba sola.
Pero con el auge del arte contemporáneo surge una pregunta inevitable: ¿qué consideramos arte? Entre las salas llenas de Monet o Picasso, también aparecen piezas que nos hacen dudar. Un balón ponchado en una vitrina, unos muñecos de cartón en medio de una sala del Thyssen… ¿de verdad pertenecen al mismo universo que un cuadro de Warhol o una pieza de Roy Lichtenstein?
No se trata de juzgar al artista. Se trata de reconocer que el arte también es subjetivo. Que lo que para unos es genialidad, para otros puede sentirse fuera de lugar. Y que ahí está lo interesante: aprender a mirar con ojos propios y no solo aceptar lo que un museo o una galería dice que es valioso.
En lo personal, para mí el arte se encuentra en ese diálogo inesperado: las Water Lilies de Monet coexistiendo en una galería con las latas de Campbell’s de Warhol. Aunque mi gusto tiende a lo clásico, me interesa esa tensión entre lo eterno y lo pop, entre la delicadeza de un óleo impresionista y la provocación de una obra que nació de la cultura de masas. Ahí, en ese contraste, descubro lo fascinante: que el arte puede ser tan diverso como quienes lo miramos.
Al final, lo importante es qué nos mueve, qué nos hace detenernos, qué nos despierta una emoción real.
Encontrar lo que nos gusta en el arte es un ejercicio personal. No se trata de conocer todos los nombres ni de aplaudir lo que otros dicen que es importante, sino de reconocer qué piezas logran quedarse contigo, que te hacen regresar a ese museo miles de veces. A veces será un cuadro clásico de otro siglo, otras una obra contemporánea que desafía tu manera de mirar. Lo esencial es permitirse elegir, saber que significa el arte para ti y disfrutar de ese diálogo que cada uno establece con el arte.
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